CENTRO

Calendario de inicio de curso 2019/20

INICIO CURSO 2019/2020 FECHA: 16 DE SEPTIEMBRE, LUNES.

LUGAR: PRESENTACIONES EN EL SUM Y POSTERIORMENTE EN LAS AULAS DE CADA GRUPO.

 

HORARIO DE PRESENTACIONES:

8,15:   CLAUSTRO EXTRAORDINARIO: COMUNICACIÓN HORARIOS DE PROFESORADO Y GRUPOS.

10,00: RECEPCIÓN ALUMNADO CICLO FORMATIVO DE GRADO SUPERIOR DE ANIMACIÓN SOCIOCULTURAL Y TURÍSTICA.

10,30: RECEPCIÓN ALUMNADO DE 2º BACHILLERATO

11,00: RECEPCIÓN ALUMNADO DE 1º BACHILLERATO.

11,30: RECEPCIÓN ALUMNADO DE 4º ESO.

12,00: RECEPCIÓN ALUMNADO DE 3º ESO.

12,30: RECEPCIÓN ALUMNADO DE 2º ESO.

13,00: RECEPCIÓN ALUMNADO DE 1º ESO.

13,30: REUNIÓN INFORMATIVA FAMILIAS 1º ESO.

EL Alumnado será recibido en primer lugar en el SUM y posteriormente continuará en el aula de cada grupo con cada Tutor/a. El día 17 de septiembre, martes, las actividades lectivas se iniciarán en el horario habitual, es decir, de 8,15 horas a 14,45 horas.

CALENDARIO INICIO DEL CURSO 2019/20

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Encuentros literarios

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MAQUETAS 1º ESO

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PLAN DE IGUALDAD

IGUALDAD.

Plan de fomento de la lectura

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Marta Sanz

Encuentros literarios en la biblioteca

14 de febrero de 2018

Nota biográfica

Marta Sanz nació en Madrid en 1967. Es doctora en literatura contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid y actualmente trabaja en la Universidad Antonio de Nebrija en el Postgrado del Departamento de Lenguas Aplicadas y Humanidades. Fue redactora jefe de la revista cultural Ni hablar, y ha colaborado en distintas publicaciones periódicas como ABC, El País, la revista cultural de El Mundo, InfoLibre y La Marea. Es novelista, pero escribe también poesía y ensayo y ha colaborado en numerosos libros colectivos con relatos cortos. Es autora de cuatro poemarios: Perra mentirosa, Hardcore, Vintage, Vintage y Cíngulo y estrella y de dos ensayos: No tan incendiario, sobre cultura y compromiso, y Éramos mujeres jóvenes, una memoria sentimental de la transición española.

Su carrera literaria empezó en un taller de escritura de la Escuela de Letras de Madrid donde conoció a un editor que publicó sus primeras novelas en la editorial Debate, empezando por El frío, le siguieron Lenguas muertas y Los mejores tiempos. Quedó finalista del Premio Nadal en 2006 con Susana y los viejos. Después publicó la novela negra Black, black, black , Un buen detective no se casa jamás, Daniela Astor y la caja negra, La lección de anatomía, novela que recibió distintos premios (el premio Tigre Juan, el Premio Cálamo "Otra mirada" 2013 y el de la página de crítica literaria Estado Crítico). Con Farándula gana el prestigioso Premio Herralde de Novela y por último publica la narración autobiográfica Clavícula en 2017.

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Odio a esos hombres que se compadecen de una. Los que después de haberte besado y tocado las caderas te dicen hasta luego, pequeña, no quiero hacerte ningún daño. La prepotencia de los que se creen con la exclusividad de herir, como si fuésemos todas santas, víctimas o inválidas.

            Y si vas a hacerme daño, házmelo del todo, no me digas que me dejas para no descuartizarme, tu abandono me mutila más que cada una de las crueldades que compartimos. Sería peor, me dices, ya no es posible, no quiero destruirte.

Entonces yo me siento como el mosquito que tú puedes aplastar contra la pared, picarte un poco, hacerte llorar, sin capacidad para ir arrancándote a cuajarones el aliento.

Te quiero ver sufrir, quiero contarte que mi vida contigo no fue un historial de fidelidades, que hice muchas cosas para salvarme d tu dominación, para convencerme a mí misma de que tú también podías desear un día tirarte por la ventana u obsesionarte con un teléfono. Aunque yo te exigiese que sólo pensaras en mí, que sólo me acariciaras a mí, que sólo te enfadases como un loco conmigo. Yo te juraba que esa era mi vida. Pero estabas lejos y yo tenía miedo y no podía depender tan sólo de tu voluntad y me iba vengando poco a poco de todo lo que suponía, haciéndome fuerte mientras yo sola me engañaba. Dándote las pistas para que nunca más pudieras decirme, no quiero hacerte ningún daño, yo te puedo machacar y tú eres tan buena, tan entregada, tan loca.

Escúchame, yo también permití que otros hombres me llenaran la boca de saliva.

El frío, Debate, Madrid 1995

Hoy, protegido por mis gafas, camino por una calle del centro. Veo gris el cielo y las fachadas de los edificios de cuatro plantas y la ropa en los escaparates de las tiendas. Gris el cristal de mis gafas por dentro y las vidrieras de los locutorios, grises las antenas parabólicas y los líquidos que quedan en los culos de los vasos de vermú. Grises las palomas y los coches aparcados. Grises mis manos cuando las saco de los bolsillos de la chaqueta para retirarme el flequillo. Grises los carteles de “Se vende” y de “Se alquila” y las bombonas de butano que la gente saca a los balcones. Grises las vomitonas que huelen desde el suelo. Grises las farolas y los contenedores de basura y las tapas de registro del alcantarillado y los adoquines. Grises las papeleras y el interior de la boca de los transeúntes. Grises las piezas de carne menguante para preparar el kebab y las tapitas, atravesadas con un palillo, para acompañar la caña. Las boutiques del gourmet. Grises las monedas para comprar el periódico y las orejas en las que se apoyan los teléfonos móviles. Los telefonillos de las comunidades. Grises el fontanero del barrio y los repartidores y las cajas de botellas de refrescos y los cafés vacíos. Las macetas de geranios y de amor de hombre, grises. Los parroquianos acodados en las barras y los mendigos y las señoras que pasean a sus perros o tiran de sus carritos de la compra, grises, Grises las ofertas de las inmobiliarias y los muebles de los anticuarios y los pescados de la pescadería y las mesas de mármol de los cafés y las cabezas de las gambas en el suelo de las tascas y los botones, ovillos y gomas que venden en las mercerías. Los periódicos, los graffiti y los letreros apagados de los garitos. Los mechones que caen de entre las tijeras de los peluqueros y los aceites y los bálsamos de los salones de belleza. Gris, la perspectiva hacia el final de la calle. Lo veo todo gris, pero cuando entro en el portal de la casa en la que viví Cristina Esquivel, me quito las gafas e imprevisiblemente todo se llena de colores.

 

Black, black, black, Anagrama. Barcelona 2010

Paula me recuerda una de las razones por las que me hice detective. Bien por Paula. Soy detective porque no creo que este mundo este mundo esté loco ni que sólo las psicopatías generen muertes violentas ni que únicamente los forenses y los criminalistas que rastrean los pelos, las huellas parciales, las cadenas de ADN, la sangre ey elsemen que empapan las alfombras y las sábanas puedan ponerle nombre a los culpables. Creo en la ley de la causa y el efecto. En la avaricia, en la desesperación. En la soledad. En la compasión y en la clemencia. En los argumentos de los prevaricadores. En la necesidad de un techo y de una caldera de calefacción. En el deseo de acaparar y en los motivos ocultos del mentiroso compulsivo. Creo en la eficacia de los tratamientos psiquiátricos y en la honradez de ciertos jueces. Creo que podemos comunicarnos a través de los lenguajes y en el desciframiento de los símbolos […] No todo es aleatorio ni fragmentario ni volátil ni inaprensible. Existen las repeticiones. Soy detective porque creo en la razón y en la medicina preventiva. Busco las causas y los ecos. Lo que sucede dos veces. Los hilos que se tejen con otros hilos. Y suelo encontrarlos.

 

Black, black, black, Anagrama. Barcelona 2010

La exageración de mi madre se reduce al deleite en el relato que, si bien siempre es realista, ha de tener algo extraordinario para despertar el interés; su intuición sobre el arte de contar está muy por encima de la media […]

Así pues, las narraciones realistas de mi madre, una firme defensora de lo verídico y de lo verosímil en la ficción, el continuo proceso de construcción de sus memorias orales, quizá motivaran que yo no pariera unos hijos que no echo en falta y ella sí, pero consiguieron que gracias a mi madre aprendiese a contar.

 

La lección de anatomía, Anagrama. Barcelona 2014

No sé cuál es mi primer recuerdo, aunque sospecho que no es mío sino un recuerdo de mi madre. No me refiero a que mi primer recuerdo se reduzca a una fotografía mental del interior de su regazo o de su areola mientras ella me da de mamar y yo le muerdo los pezones. Amamantar a los cachorros, según mi madre, provoca un placer muy relativo. Lo que quiero decir es que mi primer recuerdo, posiblemente sea el resultado de una transferencia: la reformulación personal de los relatos de mi madre. Forma parte de mi biografía la imagen de una mujer que acaba de parir y que se va desangrando en la cama del hospital. Veo la habitación en penumbra, huelo el dulzor de las flores, oigo el silbido de los aparatos en funcionamiento de los hospitales y me asusto ante el impacto de la sábana roja. El análisis que mi madre lleva a acabo de mi comportamiento infantil y de mi carácter también forma parte de mi biografía y de algo mucho más trascendente, de mi identidad. En todo caso atesoro recuerdos precoces: recuerdo el sabor de los plátanos machacados con limón; recuerdo las escoceduras que me producen las bragas de plástico en los muslitos y cómo me aprieta la goma en la tripa; recuerdo el día en que casi muero ahogada entre los resortes de mi trona y el olor del tomate que se cuece despacio en la sartén; recuerdo el estampado de la manta con la que me arropaban y la fisonomía del portero de la casa donde vivíamos; recuerdo mi propia voz, mi baile con las eles, mientras canto, engañada por mi madre, que sólo pretende descubrir mi posición y evitar una catástrofe:

-Marta, canta. Por la Puerta de Alcalá la florista viene y va…

- … ¡con los nardos apoyaos en la carera!

 

La lección de anatomía, Anagrama, Barcelona 2014

Mi nombre inventado era una mezcla de realidad y ficción como casi todos los productos del arte […]

Mis narraciones ya son sólo mentiras a medias, la escritura es un conjuro, una anticipación, más tarde o más temprano la realidad acaba deformándose o nunca se miente porque la realidad contiene todas las palabras.

[…]

También escribir es reconquistar un espacio. Acotar con la palabra una parcela. Vallar un jardín. Ponerle nombre. Hacerlo tuyo. Volver es revolver. Revolver un cajón. Sacarlo todo. Desechar lo ajado. Dudar. Sonrojarse al comprobar en la propia carne que los objetos - los lugares, las sensaciones- tienen un valor sentimental.

 

La lección de anatomía, Anagrama, Barcelona 2014

No suelo quedarme abstraída contemplando la inmensidad ni me gusta hablar de literatura dentro de los libros, sin forzarlos, hablan de literatura solos. Degusto torreznos de tapa en los bares, consumo telebasura, voy a los tanatorios, ni me maltrato ni me cuido, voto cuando llegan las elecciones. Formo parte de un rebaño […] No me incomodan, per se, los adjetivos ni los difemismos ni las esporádicas faltas de ortografía o de concordancia en las que casi todo el mundo incurre. Creo que la escritura implica cierta capacidad de intervención en lo real, pero también es lábil y a veces ni siquiera supone un alivio para los malestares de una vida íntima, sin embargo, no soy invulnerable a los atardeceres.

            Quizá este tipo de enseñanzas me las trasmiten en la escuela de letras. No son enseñanzas literales. Son conocimientos que adquiero por impregnación o rechazo del discurso de los profesores. Al acabar la universidad, mi padre me matricula en un máster y en la escuela de letras. Es la primera vez que van a pagar por mis estudios. Yo me matriculo en el doctorado. Hago todo a la vez porque el acceso al trabajo, a cualquier trabajo – bedel, profesor, chupatintas en una editorial, negro, camarero- es difícil para los licenciados en Filología Hispánica. Aspiro a conseguir un empleo, no a ser escritora. Para lo segundo quizá sólo es preciso tener los ojos abiertos como platos, no parpadear; saberlos entornar en ocasiones.

La lección de anatomía, Anagrama, Barcelona 2014

Cuando salgo de viaje, mi madre me dice algunas veces:

-Hija, pareces un viajante de comercio.

Soy un viajante de comercio que saca su muestrario y su mejor sonrisa delante de sus clientes. Es un juego dentro de otro juego, soy una mujer que juga a ser una profesora que juega a que es un viajante de comercio que exhibe sus cremalleras y sus botones de nácar. Un tímido viajante de comercio que, ante la imperiosa necesidad de vender, cambia de carácter, sustituyendo la reserva por la indiscreción; la radicalidad por la mesura: el egoísmo por la filantropía; el sentimiento trágico por el sentido del humor. Mis encajes se trenzan con la filigrana más fina, sus hilos son los más delicados.

Me compran la mercancía y vuelvo a casa, exhausta, jurándome que no lo voy a hacer nunca más. Pero tengo que hacerlo. Siempre tendré que hacerlo. Al menos lo haré con el sano escepticismo de creer que mis trabajos me hacen buena o libre. Me queda la felicidad de no ser una tonta de remate.

 

La lección de anatomía, Anagrama, Barcelona 2014

JULITA LUJÁN, TROL DE JARDÍN

“¿Va usted bien, Ana? Mire que si no va bien, me lo dice y yo paro. Ay, qué felicidad tenerla a usted aquí entre nosotros. Cuando la vi, no me lo podía creer. Anda que no habré ido yo a ver obras de teatro en las que usted trabajaba. Vamos por aquí, que yo me conozco bien este jardincito. En el teatro, usted siempre tan bien maquillada. Tan estirada y tan digna. Con esa dicción. De las que ya no quedan, doña Ana, de las que ya no quedan. Y, ahora, mire. Si es que no somos nada. Ubi sunt. Ubi sunt. Si yo lo digo siempre: Ubi. Sunt. Y Quoi Vadis. Quo Vadis que más valgas. En fin, que yo he visto como un millón de obras suyas. Unas mejores y otras peores. Porque la verdad es que hizo usted algunas que no las entendía ni su madre. Ay, qué dolor de cabeza, madre mía. Pero yo iba siempre. No le sabría muy bien decir por qué. Con mis amigas del círculo. Era como si nos atrajese un imán. Aunque saliésemos del teatro con cara de lerdas y nos pusiéramos a hablar de otra cosa porque nadie se atrevía a meterle mano al asunto. Por si quedábamos como imbéciles. Era lo más probable. Eso, Ana, yo creo que hoy no pasaría. Saldríamos del teatro y, sin pamplinas ni complejos, diríamos “Vaya mierda”. Y sanseacabó.

[…]

No quiero ser una vieja melancólica. No, no, no. Hay que estar al tanto del mundo en el que uno vive. Por eso yo me apunté al curso de informática y estoy en las redes sociales. Me escribo e-mails con mis hijos. Me mandan fotos. Y, sin embargo, solita en la vida. Con los enanos y este dolor de cabeza que me va a matar. ¿Sabes, Annie? Yo me inscribo en los foros de opinión de los periódicos y allí digo lo que me da la gana. Me hago llamar Justicia Divina. Soy un trol. ¿A que tiene gracia? Los enanos estos no se han enterado de que me los puedo merendar en cualquier momento. No se ría, no se ría, que me da dolor de cabeza. Mírelos con sus sonrientes caritas de cabrón –cartón- sin enterarse de que un trol transita por sus caminitos. Me quedo nueva cada vez que suelto mis exabruptos. Borregos, caras de culo, imbéciles, parásitos, ladillas. ¿Usted ha probado? Pajaritos fritos. Yo me pongo la máscara y les llamo lerdos, delincuentes, cabrones, chupasangres, malnacidos, hijos de la grandísima puta que los ha parido a todos, forúnculos, mariconazos, vampiros soplagaitas, comemierdas. A todos se lo llamo. Sin distinguir raza, sexo, religión o ideología. Villadiego y San Quintín. Me quedo nueva.

 

Farándula, Anagrama, Barcelona 2015

Los ricos celebraban sus galas de caridad en espaciosos hoteles con moqueta roja y monumentales arañas de cristal. Lucían sus pieles estiradas, sus esmóquines, sus joyas, sus vestidos de corte de sirena. Cenaban cigalas al vapor, tempuras, cócteles de vodka con tomates de casita de muñeca. Pujaban y pagaban treinta mil euros por compartir una cena con un actor famoso […] donaban quinientos euros para ordenadores y se hacían una foto subidos al escenario. Donaban quinientos euros para subirse a un escenario y hacerse una foto. Clic, clic. […] Los ricos en sus glas benéficas, con cantantes de saldo, cantantes que habían perdido la voz hacía lustros, lentejuelas y caspa, peluquines, premios filantrópicos concedidos a excelsos ladrones, narcos, petulantes, defraudadores de la Hacienda pública que redimían sus penas donando quinientos euros para comparar ordenadores, para sanar enfermedades incurables, para rellenar cestas de la compra vacías como estómagos de niños de Biafra, para salir en la foto, los ricos y los riquitos exhibían su bondad, celebrando obscenas y repugnantes cenas de caridad. […] Las damas de beneficencia, travestidas en actores de éxito, se esfuerzan, se preocupan, no pueden dormir por las noches, comen lexatines, orfidales, trankimazines, atarax, dormidinas, m&m’s, conguitos, se lo comen todo, a sus hijos, a sus caniches, a los peces de colores de sus inabarcables peceras, para que nada cambie: los ricos buenos se preocupan y hacen felices a esos pobres que viven en roulottes, chabolas o en el piso de los abuelitos y aguan la leche de sus criaturas. Los pobres aguan la leche de sus criaturas porque, cuando ellos eran pequeños, sacaban malas notas en la escuela, porque habían sido indolentes, vagos, puede que hasta viciosos.

            Daniel era el ejemplo vivo de que el que quería podía y a la vez las neuronas se cortocircuitaban dentro de su cráneo para gritarle que las galas de caridad de los ricos eran una de las sumas expresiones de la impudicia y la violencia humanas. Mucho más violentas que la violencia revolucionaria.

Farándula, Anagrama, Barcelona 2015

Yo no escribo para que nadie se reconozca en su parte inteligente, sino en su más abyecta y entrañable vulgaridad.

[…]

Hoy mi empatía se muestra en esta antipatía con la que escribo. Soy una radical que rechina cortando el acero. Quizá mi “me pienso pensando” constituye una prueba: la de que soy incapaz de salir de mí misma, y la escritura siempre es un modo del ensimismamiento y la autocompasión. La necesidad de hablar desde detrás de una celosía, para que nadie nos mire directamente a los ojos. Y así escribir siempre sería una renuncia. Un exilio. Una manera de fingir que sale al encuentro del otro cuando en realidad rumia, digiere, regurgita, mastica, relame, traga, se nutre, defeca sus propias e intransferibles palabras.

 

Farándula, Anagrama, Barcelona 2015

Cada vez que enciendo mi ordenador y navego por Internet – librerías, wikipedias, periódicos, patéticas búsquedas en Google de mi propio nombre…- alguien me vigila. Me dan miedo esas ventanitas de publicidad que saben, de antemano, lo que yo necesito: mejor libros que ropa deportiva; mejor Marguerite Duras que Raymond Carver. Saben casi todo de mí, y eso que procuro no dejarme ver mucho de un modo directo. Me muestro a pleno sol y ellos, como si fuese una gaviota, me anillan la pata. Subrepticiamente. No me he dado cuenta, pero llevo una anilla de color butano en arranque de mi pie palmípedo. Mi impudor es mucho más limpio que el panóptico digital.

 

Clavícula, Anagrama, Barcelona 2017

El conductor es un niño que quiere que le diga que los perros tiesos de las cunetas están dormidos. Me gustaría consolarlo: “Ea, ea, ya pasó, ya pasó”. Ea, no hay enfermedad ni muerte ni catástrofes ni especuladores ni monstruos. No hay mujeres que friegan los váteres con lejía por trescientos euros al mes. Yo vuelvo de ganarme un jornal. Ea, chaval, tómate una pastilla. Ya pasó, ya pasó. Pero yo tengo el ojo sucio y sé que hay especies de pájaros nocturnos. Acaparo un montón de trabajo. Duermo mal.

 

Clavícula, Anagrama, Barcelona 2017



RESEÑA

CLAVÍCULA, DE MARTA SANZ

Clavícula (2017) es el último libro publicado por Marta Sanz. Esta novela se caracteriza en parte por su peculiar manera de desarrollarse: juega con los textos cortos pero intensos que están relacionados entre sí más bien por una temática común que por un hilo narrativo que cuenta una historia. El hecho de que bastantes de sus páginas se encuentren prácticamente vacías se debe a que las minuciosas letras que reposan en ellas transportan un mensaje muy contundente, en algunos casos de crítica directa a sistemas políticos o concepciones sociales y en todos los casos con crítica subliminal a los estigmas y el papel de la mujer hoy en día.

A continuación expongo las líneas temáticas del libro:

El tema principal es la reflexión sobre el dolor en todas sus formas posibles, comenzando con la dificultad de conseguir expresarlo para que otras personas lo entiendan, el simple hecho de ir al médico y no poder decir lo que te pasa ya que ni siquiera uno mismo lo comprende, encontrar las palabras precisas que permitan a la persona que tenemos a nuestro lado empatizar con nosotros cuando estamos en estas situaciones de angustia y dolor para no sentirnos solos e incomprendidos. La autora deja muy claro desde el principio de su obra que lo que estamos leyendo es fruto de su desahogo personal, de su propia incomprensión, que nuestra lectura ha sido la cura de su enfermedad, de la angustia de no poder abrir sus entrañas para ver con sus propios ojos qué es lo que está ocurriendo ahí dentro y eliminar las dudas que nos matan. Enlazado con esto podemos mencionar uno de los temas secundarios que es la escritura como forma de desahogo o refugio. Estos dos temas ya nombrados se verán a lo largo de la narración y junto con otros que ahora expondré yo diría que es lo que le da cohesión al relato y hace que la lectura sea muy íntima. La autora se ha desnudado completamente en cada una de las páginas contando sus propios miedos y paranoias, sus problemas matrimoniales y relaciones familiares, se podría decir que se ha hecho vulnerable frente al público, pero por otra parte aquello que leemos no lo tomamos como algo ajeno a nosotros, crea una capa de calidez y empatía que nos hace imposible atacar sus puntos débiles ya que también son los nuestros.

Otra idea o tema secundario que se trata es la fina frontera que hay entre el dolor físico y el psicológico, el hecho de que el segundo en numerosas ocasiones se superponga al primero, que lo controle y llegue a modificar nuestras vidas, como ella narra en sus etapas de menopausia en las que se encontraba perdida y pensaba que iba a morir, algo que no tenía ninguna base real, más bien la falta de información y aquí

 

es donde comienza también la inmensa crítica feminista a la invisibilización de la menopausia , otro fenómeno biológico más del que nunca se habla, al contrario que el de la menstruación. La crítica viene en el análisis de estas dos circunstancias, la infravaloración de la mujer con el avance de la edad por parte de la sociedad deja mucho que desear, ya que se vuelve a recurrir a la idea de mujer como objeto reproductivo. La invisibilización de la menopausia tiene que ver con que es el paso de ser mujer “útil” a dejar de serlo, lo contrario que con la primera menstruación. El hecho de que en los medios de comunicación, los presentadores masculinos son los únicos que permanecen en sus puestos de trabajo con la edad mientras que las presentadoras que adoptan estos puestos son normalmente de edades entre 25 y 50 años, además de que ellas deben ser mucho más atractivas que los hombres que aparecen en pantalla. Esta autora tampoco tiene tapujos para eliminar estigmas como el de la masturbación femenina y el hecho de que sea natural en cualquier etapa de la vida, con o sin pareja.

El último de los temas secundarios de los que escribiré será el derecho a quejarnos que todos tenemos. La idea de que la queja no debe ser algo restringido para problemas de cierta gravedad ni que sólo puedan quejarse aquellas personas que tienen cierta edad o madurez mental, la validez de los problemas y la comparación de ellos como producto del capitalismo ya que al no quejarnos porque pensamos que en ciertas ocasiones no es ético con la cantidad de problemas que hay en el mundo,

le quitamos importancia o minimizamos los problemas; Un ejemplo que aparece claro es el no poder quejarnos por tener condiciones salariales terribles cuando hay niños explotados en China haciendo tu mismo trabajo. El libro critica al capitalismo desde este aspecto, al igual que en otros como la pobreza y desigualdad acentuada que afecta a las mujeres más que a los hombres.

Creo que una de las cosas que más atractivas encuentro del libro es la forma en la que se ha desarrollado, ha sido en parte una especie de autobiografía crítica que ha representado con el formato de la narrativa la aleatoriedad de los pensamientos, asimismo su manera a veces poética de escribir es la mejor de las maneras para expresar los sentimientos de dolor que tanto nos cuestan definir, su crudeza a la hora de presentar temas espinosos como la desigualdad de la mujer o la menstruación muestran una gran deconstrucción mental de la autora que a la vez nos ayuda a nosotros a seguir sus pasos. El hecho de que se traten temas que no corresponden con mi edad como la menopausia no me ha alejado de la lectura como cabría esperar, la escritora consigue crear un clímax para toda aquella persona ajena a estos problemas porque de una manera u otra trata sobre la realidad física y mental que todos vivimos, de la manera de afrontar los problemas y de no tener miedo a ser débiles. Todo esto reconforta plenamente ya que analiza todos los miedos que nosotros no sabemos extraer, todas las lacras de las enfermedades, el papel de las personas a nuestro alrededor cuando piensan que estamos enfermos y cómo cambia su comportamiento hacia nosotros, todas estas cosas nos ocurren a todos. El libro hace que nos demos cuenta de que no somos los únicos que luchamos contra todas estas cosas, que no somos humanos imperfectos, simplemente humanos ya que todos tenemos estas angustias y el no tenerlas es irreal. De esta misma manera que me relaciono ferozmente con ella también me ha ayudado a empatizar más con las personas que sufren esto como es el caso de mi madre, comprender lo duro que debe ser luchar contra el desplazamiento que hace el capitalismo a nuestro género con cierta edad y que es una muestra más de sociedad machista heteropatriarcal.

En conclusión, el libro ha sido magnífico por todos los temas que trata y a su vez por encontrarme con una narrativa que se aleja de los patrones establecidos y que transmite una frescura difícil de describir: el hecho de que el arte continúa avanzando.

 

 

 

PAULA SALAMANCA CALLEJÓN

 

2 BACH A

 

CRECES

 Coordinación de Relaciones con Centros de Enseñaza Secundaria

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